
Harry se despertó en su cama con resaca. Una resaca horrible.
-Mierda -dijo en voz baja.
Había un pequeño lavabo en la habitación.
Harry se levantó, alivió su estómago en el lavabo que después aclaró con agua del grifo, metió la cabeza debajo y bebió un poco de agua. Después se mojó la cara y se la secó con la camiseta que llevaba puesta.
Era el año 1943.
Harry cogió algunas prendas del suelo y comenzó a vestirse lentamente. Las persianas estaban echadas y todo estaba oscuro menos los lugares donde el sol se colaba por los trozos rotos de la persiana. Había dos ventanas. Un sitio distinguido.
Salió pasillo adelante rumbo al retrete, cerró la puerta con llave y se sentó. Era increíble que aún pudiese defecar. No había comido desde hacía varios días.
Dios mío, pensó, la gente tiene intestinos, boca, pulmones, orejas, ombligo, órganos sexuales y… pelo, poros, lengua, a veces dientes, y todo lo demás…, uñas, pestañas, dedos de los pies, rodillas, estómago…
Había algo muy fastidioso en todo eso. ¿Por qué nadie se quejaba?
Harry acabó con el áspero papel higiénico de la pensión. Seguro que las caseras se limpiaban con algo mejor. Todas aquellas caseras tan religiosas, con maridos muertos hace tiempo.
Se subió los pantalones, tiró de la cadena, salió de allí, bajó la escalera de la pensión y salió a la calle (…)

La Sala de exposiciones de La Pedrera acogerá desde mañana y hasta el 18 de mayo una retrospectiva del pintor esloveno Zoran Music (Gorizia, 1909 – Venecia, 2005).

• 4 mujeres mueren a manos de sus compañeros sentimentales en un día.
• Homicios en Valladolid, Cádiz, Valencia y Madrid.
• Una de las víctimas tenía 22 años; las otras, 49, 55 y 58 años.
• Tres agresores han sido detenidos y el cuarto se ha suicidado.
• Quince víctimas mortales de violencia doméstica en lo que va de año.
Nos desangramos. Y cada muerte, es una pulsación, una nota, una marcha fúnebre anunciada de antemano. La oímos pero no la escuchamos, porque está sonando en otra casa que no es la nuestra.
¿Quieres tener la casa como los chorros del oro? Acude al mercado negro de animales exóticos y pide un oso hormiguero. Él solito te quitará las migas de la mesa y sacará los pelusones de debajo de la cama. Sólo tendrás que alimentarle diariamente con tresmil o cuatromil hormigas rojas venezolanas, que también puedes solicitar en tu tienda amiga. También puedes adiestrarle para que pegue los sellos a tus cartas y para que pruebe tus sopas, a ver si tienen el punto de sal. Es infalible. Otros usos o prácticas no están descritos, pero muy pronto te darás cuenta de la versatilidad de su lengua, que agita a más de 160 pulsaciones por minuto. Reserva el tuyo, antes de que acabemos con los bosques tropicales centro y sudamericanos.

Cogemos un carrito para nuestras mochilas y vamos hacia la salida, donde nos espera nuestro coche. Aterrizar en un aeropuerto extranjero por la noche produce la extraña sensación de estar cometiendo algún tipo de delito, pero que a nadie parece importarle porque estás en ninguna parte. Afortunadamente, ese extrañamiento se difumina si un hipocondriaco como yo, viaja acompañado.
